Los Gigantes impusieron control de principio a fin ante Manatí, mientras Arecibo sacó carácter en el cierre para quedarse con otro intenso capítulo del “Clásico del Norte” y afianzarse en la cima.
Por Héctor Maldonado–APDPUR / AIPS
Manatí, Puerto Rico – 16 de abril de 2026 – Los Gigantes de Carolina/Canóvanas jugaron un partido de control. Sin prisa, con estructura y dominio sostenido del ritmo, el conjunto oriental se impuso 95-88 sobre los Osos de Manatí en el Coliseo Juan Aubín Cruz, en una noche donde lideraron el marcador durante 37:53 minutos y prácticamente nunca soltaron el guion. El juego comenzó parejo, pero fue en el segundo parcial donde Carolina/Canóvanas rompió la dinámica con un 22-11 que cambió el tono del encuentro y los envió al descanso con ventaja de 52-39. Desde ese momento, el partido pasó a jugarse en su ritmo.
Manatí intentó reaccionar en la segunda mitad, encontró producción en segundas oportunidades (18-5) y logró recortar en distintos tramos, pero nunca pudo convertir ese empuje en control real. Apenas lideraron por 1:05 en todo el desafío, un dato que resume la historia completa del juego. Carolina, en cambio, sostuvo la ventaja con balance ofensivo y respuestas constantes.
Jaylen Nowell encabezó con 24 puntos, Kristian Doolittle aportó 20 con presencia en ambos lados de la cancha, mientras Hunter Tyson (15) y Jesús Cruz (13) completaron una ofensiva repartida que también encontró apoyo desde la banca (29-17).
Por los Osos, Tyquan Rolón lideró con 21 puntos, seguido por Tyler Cook con 13 y Chris Ortiz con 12, en un esfuerzo que nunca dejó de competir, pero que se quedó corto ante la consistencia rival.
El partido fue dirigido por los árbitros Joselo Quiñones, Javier Vázquez y Edwin Quiles. En la mesa trabajaron Nitizie Sánchez (24 segundos), Darianette González (anotadora), Héctor Montero y Armando Vera (spotters), Howard Hall (cronometrista) y Enrique Córdova (computadora), bajo la supervisión de Juan “Pucho” Figueroa.
En Arecibo, la historia fue otra. No hubo control temprano, sino reacción, carácter y ejecución en el momento decisivo. Los Capitanes vinieron de atrás para imponerse 86-84 sobre los Piratas de Quebradillas en otro capítulo intenso del “Clásico del Norte”, consolidándose en la cima de la Conferencia B con marca de 7-2.
Quebradillas, aún sin victorias en la temporada, salió agresivo, marcó el ritmo desde el inicio y dominó gran parte de la primera mitad, que cerró 47-39 a su favor, obligando a Arecibo a replantearse el partido tras el descanso.
La respuesta llegó en el tercer parcial. Una corrida inicial de 6-0, con aportaciones de Timoty Soares, Ramses Meléndez y Jack McVeigh, comenzó a inclinar el juego, y aunque los Piratas lograron sostener ventaja por momentos, el giro ya estaba en marcha. Soares se hizo sentir con dos triples consecutivos que devolvieron vida a los locales, mientras Justin Reyes comenzaba a imponer presencia en la pintura para cerrar el tercer parcial con el marcador 59-57.
El último periodo fue una batalla de ejecución. Derrick Walton empató el juego temprano, Rafael Pinzón adelantó a Arecibo con un triple y desde ahí el intercambio fue constante. En el momento grande, Justin Reyes asumió el control con una jugada de fuerza que completó con tiro libre y luego castigó desde larga distancia para poner a los Capitanes arriba 79-73. Quebradillas respondió con un triple de Emmanuel Mudiay a 48 segundos del final para acercarse 84-82, pero Arecibo cerró con temple. Reyes aseguró un rebote ofensivo clave y Walton, desde la línea, selló el triunfo.
Arecibo colocó cinco jugadores en doble figura, encabezados por Jack McVeigh con 21 puntos y 10 rebotes. Soares añadió 18 en su debut y Reyes sumó 15 saliendo del banco, siendo determinante en el cierre. Por los Piratas, Mudiay lideró con 23 puntos y Kendall Munson agregó 22 en causa perdida. El resultado deja a Quebradillas en 0-10, en un arranque que ya pesa más allá del récord.
En una misma jornada, dos formas de ganar. Carolina controló de principio a fin. Arecibo, en cambio, resistió, ajustó y ejecutó cuando el juego exigía carácter. Ahí también se construyen los equipos que marcan diferencia.
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