Ponce evita la barrida y revive la final con dominio absoluto desde la loma

Los lanzadores ponceños no permitieron imparables hasta la novena entrada. 

Félix Guayciba-Fotoperiodista

Por Héctor Maldonado-Periodista Deportivo-APDPUR/AIPS

Ponce, Puerto Rico – 18 de enero de 2026 – Cuando la Serie Final parecía inclinarse sin remedio, los Leones de Ponce encontraron oxígeno en el lugar más confiable del béisbol de postemporada; la loma. Durante ocho entradas completas, el partido transitó fuera de los márgenes habituales de una final, dominado por un pitcheo que anuló cualquier intento de reacción. No fue hasta la novena entrada cuando los Cangrejeros de Santurce lograron romper el cero. Para entonces, el golpe competitivo ya estaba dado y el 7-0 comenzaba a tomar forma como algo más que una simple victoria.

Bryant Salgado firmó la apertura más sólida de su carrera en el escenario mayor y se adjudicó la victoria del encuentro. En siete entradas sin hits ni carreras, con siete ponches y tráfico mínimo en base, el derecho fue un enigma para la alineación santurcina. Controló el ritmo del juego desde el primer lanzamiento, atacó temprano la zona y trabajó consistentemente en conteos favorables, neutralizando la principal fortaleza ofensiva de Santurce en la serie; la paciencia. Métricamente, sostuvo un WHIP perfecto (0.00), lo que significa que no permitió corredores en base durante su labor, promedió menos de 14 lanzamientos por episodio y limitó el contacto sólido a niveles casi inexistentes durante más de dos veces por el orden ofensivo rival.

El relevo mantuvo intacto el libreto. Jalen Miller y Andrew Marrero extendieron el dominio colectivo hasta quedar a un solo out de una hazaña histórica en series finales. El único indiscutible de Santurce llegó con dos outs en la novena entrada, cuando Johneshwy Fargas conectó un sencillo ante Marrero. Hasta ese momento, los Leones no habían concedido boletos durante ocho entradas completas, un ajuste crítico tras una serie en la que el castigo había llegado precisamente por regalar bases. Santurce, que había construido su ventaja atacando el tráfico temprano en los juegos previos, limitado a un OBP, capacidad de generar tráfico en base, inferior a .200 hasta la última entrada.

De haberse concretado el no hit-no run combinado, los Leones habrían logrado esa hazaña por primera vez en una Serie Final de la Liga Profesional. El único antecedente de un partido sin hits ni carreras en una instancia similar ocurrió el 2 de enero de 2011, durante el Round Robin, cuando tres lanzadores de los Criollos de Caguas se combinaron para vencer 5-0 a los Gigantes de Carolina.

La diferencia se marcó temprano y con intención. Gabriel Cancel atacó el primer lanzamiento del partido y conectó un cuadrangular solitario ante el abridor Eduardo Rivera para adelantar a Ponce 1-0, una clara señal de agresividad situacional tras dos juegos ofensivamente contenidos. Fue la tercera carrera permitida por Rivera en la serie, dos de ellas mediante cuadrangulares.

El golpe definitivo llegó en la quinta entrada. Cancel abrió el episodio con un boleto, lo que provocó la salida de Rivera y marcó el punto final de su labor monticular. Jesmuel Valentín colocó corredores en las esquinas con un sencillo al jardín derecho y, tras un ponche y un boleto que congestionó las bases, Ponce capitalizó con contundencia. Sammy Hernández empujó la segunda carrera con un inatrapable por el cuadro y Will Simoneit sentenció el partido con un grand slam, ratificado tras revisión, que amplió la ventaja a 6-0.

La séptima anotación llegó en la octava entrada, cuando un sencillo de Matt Bottcher entre el jardín izquierdo y central permitió que Aldemar Burgos anotara desde la inicial con una veloz carrera al plato, cerrando la producción ofensiva de los sureños.

La derrota fue para Eduardo Rivera (1-1), quien permitió dos carreras en cuatro entradas, con ocho ponches y dos boletos, mientras que Salgado se apuntó su primer triunfo en una Serie Final. Con el resultado, los Leones extendieron la serie a un sexto partido, aunque los Cangrejeros mantienen el control del campeonato con marca de 4-1.

El juego contó con Vincent Morales como árbitro principal en el plato, acompañado por Delfín Colón en primera base, Edwin Hernández en segunda, Robert Núñez en tercera, Rubén Ramos en el jardín derecho y Edgar Romero en el izquierdo. La supervisión de repeticiones estuvo a cargo de José Morales y Kevin Bultrón, mientras que Carlos Lugo fungió como oficial de reloj. El lanzamiento de la primera bola estuvo a cargo de Mitzy Medina.

La Serie Final se traslada ahora al Estadio Hiram Bithorn este martes, 20 de enero, a las 7:00 p.m., donde el margen de error se reduce y la presión cambia de dugout. Para Santurce, el reto será cerrar sin conceder vida adicional. Para Ponce, la expectativa es clara y exigente; repetir el modelo, con pitcheo abridor largo, control absoluto de boletos y producción temprana.

Ponce sigue con vida. No por accidente ni por concesión, sino porque una noche decidió imponer su ley desde el lugar más primario del juego. Cuando el ruido cedió y el margen se volvió mínimo, los Leones lanzaron mejor, ejecutaron con precisión quirúrgica y obligaron a la Serie Final a recordar que ningún campeonato se regala. La historia no se cerró en el Sur. Posiblemente se abrió. Veremos

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