“María del Rosario y sus hermanas” desdobla con sensibilidad el asunto de la salud mental

(Foto de Amarilis Cintrón López)

Reseña por: Amarilis Cintrón López – Historiadora

(Vega Baja, Puerto Rico) Los dramaturgos tienen la capacidad de construir historias reales o de ficción, de plasmar la historia a través de la licencia literaria, de narrar las historias de otros o de utilizar las historias que le son cercanas; sean personales, de personas conocidas o de gente de su entorno inmediato.  Desde el momento en que el dramaturgo comienza a trazar las palabras que integrarán su libreto, hay un mensaje que desea transmitir para conectar con el lector o el espectador al llevarse a cabo una puesta en escena.  Cuando una pieza se lleva a escena, además del libreto, entran otras variables en el proceso: actores, adaptación, utilería, escenografía, luces, vestuario y ese detalle importante detalle en la dirección que le da credibilidad a cada escena y a los parlamentos que expresa cada personaje que son recibidos por los sentidos de la vista y el auditivo, entre los integrantes de la audiencia.  Hay obras cuya temática va un poco más allá y sumerge al espectador a reflexionar la pieza, a sentir lo que interpretan los personajes y “María del Rosario y sus hermanas” es de esas piezas que la trama gira en torno a la salud mental y, a su vez, integra otras temáticas importantes con las que el público conecta.

La obra “María del Rosario y sus hermanas”, escrita por el dramaturgo puertorriqueño Carlos Canales Cintrón, contó con la asertiva dirección de David Muñoz Márquez.  El elenco del Taller de Teatro que dirige Muñoz Márquez realizó un gran trabajo a nivel actoral en el formato de teatro experimental.  La pieza estuvo en cartelera desde el jueves, 19 de junio hasta el sábado, 21 de junio en la sala principal del Teatro América en el municipio de Vega Baja.  La entrada a las tres funciones fue libre de costo, gracias al apoyo del programa cultural del municipio de Vega Baja.  

“María del Rosario y sus hermanas” está basada en el monólogo de Carlos Canales Cintrón sobre la historia de María del Rosario Cintrón, su madre, en su proceso de reclusión en el hospital psiquiátrico.  En la nueva pieza, se incluye íntegramente el monólogo “María del Rosario”, cuyo autor dirigió en su estrenó el 15 de marzo de 1985, en el Teatro Experimental del Ateneo Puertorriqueño como parte del XVI Festival de Teatro que organizaba ese recinto cultural.  En la celebración a los cuarenta años de la primera puesta en escena de una obra que ha recorrido diversos países de Hispanoamérica, desde México a la Argentina, Carlos Canales Cintrón realizó una nueva versión que amplía la trama, incluye a las hermanas, representando a las féminas con las que su madre compartió en el sanatorio mental y pone en perspectiva otros matices de la locura como eje central de la pieza.  “María del Rosario”, estrenada en 1985 y publicada en 1986, es una de las piezas que forma parte de la Nueva Dramaturgia Puertorriqueña que se gestó en las décadas de 1980 y 1990 y con su nueva versión, su autor retoma el asunto de la salud mental de forma genial.

La puesta en escena, bajo la dirección de Muñoz Márquez, utilizó tanto el monólogo original como el nuevo texto que expande la historia, dándole nueva vida a uno de los textos clásicos de Canales Cintrón.  Un detalle que resultó interesante en la nueva puesta en escena fue ver cómo casi todos los parlamentos del monólogo original fueron distribuidos entre las hermanas de María del Rosario en la interpretación del primer acto, mientras, de manera simultánea, María del Rosario interpretada magistralmente por Aiselin Acevedo Serrano, repetía cada una de las palabras pronunciadas por sus hermanas con el recurso del habla silenciosa que, junto a los gestos faciales y corporales, develaban su locura.  En el formato de teatro experimental, María del Rosario estaba sentada en un banquillo en el centro del escenario, mientras sus hermanas estaban en sus respectivos banquillos en los laterales, cuatro a cada lado, que iban desdoblando las inquietudes de María del Rosario, frente al público que tenían a pulgadas de distancia.

Para algunos, podría verse a los personajes de las hermanas que le acompañan en escena como diferentes Marías del Rosario expresándose o, tal vez, ejerciendo como la conciencia de la protagonista.  Ya en el segundo acto, se aprecia otra dimensión de la interacción entre María del Rosario y las hermanas que conoció en ese recinto donde los seres humanos viven “la soledad, la incomprensión y la desilusión” como dice uno de los parlamentos al referirse al manicomio.

En los diálogos, además de la psicosis y las cavilaciones religiosas que le hacían sentir a María del Rosario como la mesías y la enviada de Dios, la pieza transita entre distintas inquietudes sociales como el fuerte aislamiento que vive una persona deprimida, los problemas sociales como el maltrato físico, el adulterio, el acceso a los servicios básicos y las influencias que se tienen que ejercer para obtenerlos, los problemas de las madres solteras en estado de pobreza para buscar el sustento para sus menores o el cuadro de delirio que le hace vivir una realidad alterna en ese lugar donde permanecen recluidas, entre algunos de sus tópicos. A su vez, se expone el trato otorgado a los pacientes de salud mental como una crítica contundente que invita a elucubrar en cómo mejorar el servicio y recobrar la humanidad en el trato que se le ofrece a los pacientes en el proceso.

El segundo acto, sin intermedio, se advirtió por el cambio de luces y el regreso de María del Rosario a un encuentro con sus hermanas que se iban calmando de sus lamentaciones conforme María se les acercaba.  Ese encuentro con Jesús, personificado en el escenario del teatro, fue una escena mística, así como la recreación de la implementación de la terapia de electroshock causó gran impresión por los efectos de luces, sonido y los movimientos corporales de María del Rosario, excelentemente ejecutados por Aiselin Acevedo Serrano.

La conmovedora escena de las hermanas en apoyo a la María del Rosario víctima de un sistema de salud que violenta los cuerpos y el terror que sienten al ver al personal del equipo médico, que con su actuación silente – sin parlamentos en algunas de las escenas-, mostraron el poder que tiene una postura o el recurso visual del equipo de electroshock o de las jeringuillas para transmitir sensaciones precisas en el espectador.

Una escena desgarradora que aborda otra temática importante que ha ocupado páginas en los libros de historia cuando a personas cuerdas se les tildaba de padecimientos mentales para despojarlos de sus bienes o de los cargos que debían ostentar.  Cuando se analiza la locura que le fue achacada a Juana I de Castilla y de Aragón, heredera de sus padres Isabel y Fernando, los reyes católicos de España, se advierte cómo fue una excusa para alejarla del trono que le correspondía.  En una situación similar, Carlos Canales Cintrón nos presenta otra versión de la María Magdalena a la que su familia interna en el manicomio para evitar que herede los bienes de su padre que sus tíos codician.  María del Rosario pone de manifiesto cómo son unas incomprendidas y en ella, nuevamente, se ve ese mensaje esperanzador y los cuidados que le ofrecen cierta paz a La Magdalena.  La escena se amplía al María del Rosario presentarle a las demás hermanas a María Magdalena y ese conflicto particular se extingue cuando llegan los enfermeros a atrapar a las pacientes que se alteran de verles y pensar en quién será la próxima “víctima” de los tratamientos médicos.  El desconsuelo que les provoca el duelo por la partida terrenal de la Magdalena fue bien trabajado con las gesticulaciones, las luces y la música.

Jesús hablaba en parábolas y María del Rosario en paradojas, como se describe a sí misma; aunque algunas de sus expresiones no son tan inverosímiles al mostrar cordura en la locura.  María se presenta como la justiciera, en una versión femenina de Jesús el que se apiada de los problemas de la gente.  Resulta interesante por parte de Canales Cintrón cómo integró las hermanas en función de una alegoría al relato de los doce discípulos de Jesús. 

Es meritorio destacar que, a través de las diversas escenas, la ejecución escénica del elenco fue bien lograda y, sobre todo, merece resaltarse cómo el uso del movimiento del cuerpo, los gestos faciales y los ademanes también son protagonistas junto al libreto en esa realidad alterna que viven en el manicomio estatal.  La música, la danza y el misticismo en la temática religiosa, a veces sagrada, a veces profana, coexisten en el entramado de conflictos presentes.

Por último, es necesario felicitar al elenco de María del Rosario y sus once hermanas, tres enfermeros, dos niñas, Jesús, un médico, un jefe, un guitarrista, un viejo y una secretaria cuyo trabajo actoral transportó al público con sus respectivas interpretaciones. Igualmente, hay que destacar a Steven Javier Martínez Mejías por el diseño gráfico del elegante programa de mano y del cartel promocional de María del Rosario y sus hermanas.  El trabajo de Abdiel Camacho Andino en el diseño y confección de utilería; el de Alberto Rivera Quiñones en el diseño y confección de escenografía y luces; complementado por la musicalización de Luis González Vega y el diseño de vestuario de David Muñoz Márquez que realizó la vestuarista Mayda Colón fueron una muestra del gran equipo conformado por los obreros del teatro en el municipio de Vega Baja.

En ocasiones, se piensa que las secuelas no son tan exitosas como las primeras partes y con “María del Rosario y sus hermanas”, Carlos Canales Cintrón ofrece una mirada más profunda al asunto de la salud mental con gran acierto y sin caricaturizar el tema.  Por su parte, el director de la pieza, David Muñoz Márquez demostró con la puesta en escena la importancia de visibilizar desde las artes un tema que nos concierne a todos.

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